*

¿Por qué, si puede saberse,
ha vuelto nuevamente el verano?

El sol se tumba sobre mi
cara para que florezca.
La muerte retrocede
ante los días largos.

Pero, ¿qué más da?
No es suficiente.

Al otro lado del
mundo alguien
escribe mejor
que yo.

Mucho
mejor.

El otro cazador

Yo soy el otro cazador.
Mi hora de matar no llega.
Pero yo soy el otro cazador.
Esperando que su presa
aparezca tras la esquina
hablando nuevamente de
horas extra, o de reuniones
con clientes potenciales.
Mi gran trofeo viste camisa.
Es un ejemplar de fisionomía
admirable. Que se cree mi jefe
por entrar antes que yo en este
manicomio. Pero yo soy el otro
cazador. No camina solo por
la jungla. Y cuando por fin
lo descubra, le apuntaré
sin piedad entre los ojos.
Lo último que verá
será un revoltijo
de pelo agazapado
tras la puerta
del almacén.
Y una lengua
más afilada
de lo que
imagina.

*

El cosmos es lo que es,
es decir casi perfecto.

Sigue adelante poco
(o nada) implicado
con el paso del tiempo.

Nosotros no
podemos vacilar.

Lo que hagamos
se volverá
inmediatamente
en lo que hicimos.

Resaca emocional

Me parto en dos.

Pura náusea
desde el fondo.

Vomito todo
lo que queda.

Un líquido breve,

infantil.

Todo lo que resta.

Qué ganas
de alejarme

cuando me veo
por dentro.

Minucias urbanas 3

Estamos en junio y no escribo nada decente
desde hace tres meses, salvo esos versos
sueltos sobre una polilla que no consigo
cerrar como es debido.

De todos modos, estoy contenta cuando bajo
a comprar el pan. Hace calor y me cuesta
doblar los dedos, disfruto caminando
deprisa por la alameda.

Cruzo sin mirar y el coche pasa tan cerca
que una ráfaga de aire me golpea.
Un señor reacciona y tira de mi
hacia el lado de los vivos.

Nos miramos. Una expresión de
reproche mal disimulada ocupa
por completo sus ojos.
Hoy va a ser un buen día.

La siguiente vitalidad

La siguiente vitalidad
vendrá con otra forma.

No será un hombre,
ni parecerá interesante.

Será como ese espacio
invisible del retrovisor.

Un punto muerto
potencialmente mortal.

Historias del barrio

Alguien que conocemos ha intentado
suicidarse. Un vecino de la calle.

Lo primero que llega es la extrañeza.
No se entiende, nadie se lo explica.

Parecía una persona normal.

Cuentan que se lo pensó mejor
y se arrepintió en el último momento.

Todas las mañanas baja al café,
da los buenos días con una sonrisa.

Algunos miran para otro lado
y fingen que no está.


Minucias urbanas 2

Anoche abrí la ventana para ver cómo se mojaba
la higuera de los vecinos bajo la lluvia.
Unos estudiantes de ingeniería que nunca podan
las plantas. Sus hojas se volvieron brillantes
bajo el rumor del agua, olía a algo bueno.

Tú lavabas los platos de la cena,
intentando desprender las placas de grasa
de la sartén. Canturreabas un estribillo de
Los Beatles.

Apoyada en el alféizar pensé en mi casa,
en las calles llenas de cafés, ese sol implacable.
Recordé otro balcón, otras plantas mucho
menos exuberantes. Más resistentes.

Viniste a mi lado y comentaste el mal
tiempo, la humedad que hace que te
duela la espalda. Lo bonita que está
la higuera aunque nadie la cuide.

Esta mañana sigue lloviendo.
Estamos increíblemente tranquilos.
Como si supiéramos qué siente el otro.
Pero no, claro. Eso nunca se sabe.
Es la suposición lo que me sorprende.

Lunes por la mañana

Subrayo una frase de Baudelaire:

"De este pensamiento se veía
en su rostro un rayo perpetuo".

La leo tres veces seguidas para
apurar la alegría que dan las
cosas buenas de la vida.

El programa de la lavadora
termina con un pitido.

La ropa mojada se queda
quieta dentro de la máquina.

Estaría bien ser una de esas.

Escribir cosas así y que se
me viera por toda la cara.

La fiesta

Busco una silla donde descansar,
sé que tengo mal aspecto.

Faltan tres horas para irnos.
Escapo al baño, salgo a la terraza.

Allí pienso:

Mi sonrisa no está funcionando.
Todo lo que sé, lo leí en un libro.

*

Una polilla enorme flota en la piscina
con las alas abiertas. Tal vez da mucho asco verla ahí,
estropeando el paisaje. Tal vez pensó que era un lago.
Un remanso donde detenerse por un momento.
También muerta, es marrón y muy grande.
Escogió un mal lugar donde equivocarse.

Minucias urbanas 1

Sentada en el asiento de copiloto no tengo derecho a hablar.
No sé conducir, ni me interesa aprender, así que me callo.

Cuando anoche tuvimos un accidente, o mejor dicho,
el "incidente" donde nos dimos un golpecito contra uno
de esos coches de última generación, extraños en su papel
fronterizo de monovolumen familiar y todoterreno,
me limité a cerrar la boca y observar en silencio el papeleo.

Ahora me conozco mejor y sé que soy más prudente que elocuente.
No sé si me quiero mover y usualmente me distraigo.
Me distraigo todo el tiempo, mejor pensado.
Y soy deliberadamente lenta si toca ponerse en marcha.

Pero aún así el pensamiento se produjo.
Apareció en mi mente: intentar juntar en un vehículo
conceptos como la familia y la aventura resulta
cuanto menos desconcertante. Conciliación.

Qué palabra tan extraña. Pero yo, callada.
Sonrío al propietario del vehículo implicado en nuestro
percance, que se limita a fruncir el ceño, y un placer
sutil se me despliega desde la garganta cuando abro
la mano y acaricio el tapizado levemente
apelmazado de mi asiento.

No resbalar

La acequia discurre llena de agua,
es día de riego y campo.

Todo es como aquel entonces,
cuando éramos niños.

Mirar atentamente
el bordillo.

Tener cuidado de no caer
en la vereda.

No resbalarse y partirse
la boca.

*

Intento escribir algo parecido
a lo que quiero decir.

El vecino enciende el taladro,
es día de bricolaje.

No me atrevo a respirar.
Ni a moverme.

Escucho.

La pared tiembla con
una herida nueva.

La ropa cuelga en la
oscuridad del patio.

Yo me inclino sobre
la mía.

Estoy malgastando
mi vida.

Escribir

Escribir me recuerda al chorro de sangre
que salpica un baño alicatado en blanco.

Dibuja un arco lleno de vida, o de muerte,
perfecto en su estropicio. En su arrebato.

Inmediatamente después se transforma
en una mancha, víctima de un escuadrón
de trapos viejos.

Era digital

¿Y qué hay de romper el retrato de alguien?

Llenarlo de arrugas, condenarlo a la basura.
Destruir físicamente el recuerdo.

Los amantes del futuro no sabrán lo que
se siente al despedazar una foto.

Basta (homenaje a Dylan Thomas)

Basta de excusas dentro
de bombones con forma
de corazón.

Convoquemos a la muerte
desde el cuerpo de un
hombre en verano.

En el mismo sitio

El agua del grifo sabe a cloro
y el correo cae exactamente
en el mismo sitio.

Soy del lugar donde
tiro la basura.

*

Chupo el palo del helado de limón.

Sabe a madera y a algo perdido.
La sombra de una niña.

Lo aprieto entre los dientes y
la punta se abre como un abanico.

La forma que quería para mi futuro.

Si te hubieras quedado

No pasarías frío
durante el invierno.

Pero te fuiste y
eres invisible
fuera de casa.

Te acercas a
la Poesía
como a una
gran hoguera,

y ella hace
como que
no te ve.