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Aloes


Salgo a la calle.

La hija de la vecina 

corretea con una Barbie 

en la mano y al verme 

viene a mi encuentro.

Me cuenta que las

plantas de aloe le parecen

dedos de marcianos.

Siempre quise tener 

una conversación así:

qué curioso que se dé

con una niña de ojos

marrones, la hija de

la vecina.


*

Bajo a la ciudad de visita.

Desde la habitación de 

mi cuarto provisional veo 

el salón de los vecinos.

Tienen las cortinas echadas,

pero la luz de una lámpara

de mesa ilumina las siluetas

de sus habitantes. Una mujer, 

un chico joven, tal vez una niña. 

Observo sin perder detalle:

necesito la ficción en mi vida.

Alguien que me conoce bien

debe haber montado 

un teatro de sombras.


*

A veces me gustaría

volver a las partes feas
del verano, a sus camas
de pinocha húmeda.

Al revés sucio
de la lona.

Recordar esa piedra
que tiraste a la acequia.

Recuperar lo que se hundió
de forma tan encantadora.

Olor


La curva de mi cadera es como una Luna sobre el agua.

Cuando me abro de piernas, ¿qué debería coger?

¿Un espejo? ¿Un ángulo muerto? ¿Un haz de luz?.


Sin ropa somos tranquilos. Todo se dice en voz baja.

El olor es lo que importa: él manda. Por él la Luna.

Por él; jadeos, los cuchillos. Por él; un rubor.


La curva de mi mejilla es como un cajón forzado.

Cuando soy sincera, ¿Qué debería decir? 

¿Que mi carne es triste? ¿Que vivo sola con mi esqueleto?.


No quiero habitarme en fragmentos.


Que me veas entera, con Luna y cajones sin cierre. 

Un aroma de adulta. Eso quiero. Cuchillos.

Ser vista sin espejos. En susurros. 


Ser vista, tan pequeña. 

*

Yo estuve allí.

En aquel hospital soleado
y su autobús de cristal suave.
Rodeada de tus muñecas
con camisa, cada gesto
imantado como una montaña.
Y mirando con fijeza las grietas
que habitaban la acera,
sorprendí a mi estómago
queriendo ser tu casa.

Anhelo

La arcilla suave me emociona.
Como los patos que madrugan.
O la poda oculta de los racimos.

Pero es el hielo que estalla,
ese que con encanto masticas,
el que quieras o no

saldré a buscar.


Esperanza

Hay un momento.

Cuando estás todavía
en penumbra y el tiempo 
es como los melocotones.

Hay un momento.

Como si la oscuridad
acabara. O como si
esta vez se pudiera morder.

Tan irreal.

Como si pudieras tragar 
y hacerla tuya en la víscera.



Sombras


Después del lujo todo vuelve a su sitio.

Se ordena obstinadamente eliminando las curvas.
Y colocando los recuerdos como polígonos.
Rígidos. Inmóviles. Perfectos en su expiración.

Todo volverá tristemente a su lugar.

Si llamamos de nuevo a las sombras,
que rellanarán los cuartos que antes
fueron propiedad única del abrazo.

Sabes muy bien que a esas siluetas danzantes

no les importa que permanezcamos juntos.
Nos rozan levemente los costados con sus
túnicas de nido vacío. Almidón y crujido.

Como nosotros, sombras:

Que se erizan tiernas y macabras
sobre las ruinas de este imperio.

*


Algo parecido a 

los sonidos de estornino.


Elegantes y pequeños.

Así suenas.


Recuerda que 

una vez fuiste ave.


A fuerza de creer volaste.

Primero bajo, claro.


Luego cantaste,

como decía,

y casi desaparecías allí arriba.


Te miraban desde abajo.

Se paraban y señalaban.


Insólito. Un estornino.


Tan alto, tan rápido.

El viento fuerte a tu lado.


Corriente que no amaina.

Tú siendo ave. 


Hueso ligero y

pluma que cruje.


El aire es lo único en lo 

uno puede apoyarse.



Cuando seamos auténticos


Es necesario vivir sólo

a causa del amor.


A causa del deseo.


Me siento mal como 

un mordisco

en un cuenco de plata.


Veo gente con gestos como nubes,

aire y círculos, una pena en el ojo.


Quiero abrazar y decir: 

"Te veo, eres una bebida clara".


Un mordisco que no llega.

Un deseo de todas las cosas.


Toallas al sol y pelo con arena.


Un mordisco salado.

"Te veo. Y existes", diré.


Piel con arrugas y salitre.

Un poco de agua en el cuello.


Y el amor y el deseo

serán transatlánticos 

creando una estela de plata.


Y entonces cuencos sin ojos.

Y entonces, lo importante.


Amor y deseo.

Brillo. Plata.



Tarde con mi amiga. Segunda parte.


Te levantas arrastrando la silla.

Tan luminosa en tu asombro.

Eres un manojo de llaves.

Un puñado de semillas.

Melocotones maduros.

Abres y creces.


Por eso.


No me mires así.

Soy como tú, una mujer.

Un cuerpo con pasillos y espejos.

Lleno de puertas y tierra fértil. De algo.

Llena de miedo por no vivir lo que quiero.

Como tú, que arrastras la silla para irte.

Asombrada, casi herida por mi. 


Casi.


Casi ofendida. Humana y social.

Toda prisa. Toda mente. 

Casi toda grietas. Toda rota. 


Ajustes


Los días no volverán.

Aunque los conserve 

en salmuera.


Su voz es tibia

y ronronea. 

Habla cerca del oído.


No confío en lo que susurra.


No confío en este espíritu 

que me pide cuentas

con voz propia.

Que pide ajustes.


Quiere que arranque máscaras

y hierva todas las almendras

de tu cara. Que blanquée

y almidone tu piel.


Que amortaje tu figura.


Ajustes.


No quiero una caja de latón

para tus recuerdos, quiero 

un sarcófago. 


No quiero un hoyo de tierra

negra, quiero un mausoleo.


Los días no volverán.

Aunque los conserve 

en formol.


No soy nadie, ni seré nadie.

Pero lo que he visto merece

más.


Tal vez por eso, aunque no

confíe en él, mi espíritu

demanda un entierro justo.


Ajustes.


Un homenaje que represente

todas las luces y las sombras.


Todos los días que fueron.

Todo lo que conservo en sal.

Todas mis voces y las tuyas.


Todo lo que está, 

pero ya no respira.



*


El triángulo es mi figura 

geométrica favorita.


Tres lados, 

tres vértices,

tres ángulos interiores.


Todo unido.


Como las noches

bajo pliegues de

algodón.


Estas sábanas 

de pintura flamenca.


Uno, dos, tres.


Las horas,

la lechuza,

el móvil.


Todo unido.


El triángulo es 

una forma tranquila.


Tres caras,

tres líneas,

tres vértices.


Como mi piel

de oro batido,

el papel japonés

de la Luna,

el agua negra.


De madrugada.


El triángulo es 

mi polígono 

favorito. 


Tiene ángulos que cortan,

lo pliegas y se transforma

en una navaja.


Todo unido.


Los suspiros antes 

de hablar, 

de escribir, 

de tragar.


El triángulo y yo.


Él cae siempre de pie,

yo me sacudo el polvo 

de las rodillas.


El triángulo 

es mi forma favorita.


Un pliegue en mi lengua

y un triángulo entre los dedos.


Uno, dos, tres.


La navaja en mi garganta, 

la fisura cerca del útero,

la herida de sangre tibia.


Y lo que aún no he dicho.

Como un guijarro


La sangre se agolpa

en las esquinas.

Los músculos se tensan.

Los músculos se mueven.

Aparecen las curvas en

dedos, caderas, en bocas

y todos los tobillos.

El cuerpo tiembla.

Vive. El cuerpo crece.


Mientras.


Los huesos salen a flote.

Los dientes se muestran.

El paladar duele.

El aire es un lujo.

Pero no te ahogas, 

no te hundes.

Todo flota, y es ligero.

No tiene perfil ni forma.

Es una emoción redonda.

Real y concreta,

como la margarita 

en el asfalto.

Como un guijarro 

en la mano.


Como un guijarro.

En mi mano.


Sin luz.

Pero blanco.

Sin aristas.

Pero concreto.

Sin sombras.

Pero real.


Dos Marinas o "Conversaciones con La Otra"

"Háblame de esa querencia
congelada bajo tu ventana"

No debería, pero su
insistencia me da miedo.

Me observo al otro lado,
yo misma en mi sombra.

Respondo.

"Es pequeña y
suspira tierno y alto"

No le gusta lo que oye,
no me gusta lo que digo.

Me abofetea con el
dorso de la mano.

Siento el dolor
de mi golpe en la mejilla

Deseo que se muera.
Deseo morir.

Pero no digo nada.

Porque aún en mi
oscuridad, en mi luz.

Tengo alas en la piel,
hueso ligero de ave.

Tengo trino en la voz
y un pico de plata.

Con la barbilla en alto
sonrío y me ofrezco el
resto de mi cara.

Fe

En el acantilado hay mármol y un templo,
donde acuden las mujeres sin velo
y nadie espera entre los olivos.

Vigilan las golondrinas bajo el cielo
esa procesión de vestales alegres
llenas de togas y oro en los pies,
de cántaros llenos de vino y miel.

Pero planean como hojas los augurios
y los sacerdotes se frotan las manos,
esperando las ofrendas para el rayo
y un llanto por alguien perdido.

Es algo anciano, algo triste, eso de padecer
la furia de las estatuas y de todos esos seres
que fueron inventados para espantar
un brillo imperial que descansa

realmente

sobre nuestras cabezas.

Todos tus días están justificados


Todos tus días están justificados,
eres el domador de lápices,
el que pela con esperanza la madera.

Fijas la ley del destilado de la uva,
recorriendo las copas con tus dedos,
bebiendo ofrendas mudas al raso.

Y tendrás palabras sin desperdicio,
y camisas rodeadas por tu cuello,
y olerás a porche bajo la lluvia.

Por eso, si desesperas
estallará el firmamento
en puntas de basalto.

Y vendrá a por nosotros.


*


Lamento de una supernova.


En el borde de la boca.

Casi dicha.

Casi.


Una frase enrome.

Cósmica.


Un lamento que estalla.


Destroza con luz blanca.

Pequeña.

Astral.


Un silencio

que implosiona.


Lamento de una supernova.


Asomando a tu cara.

A velocidad 

supersónica.


Astros colapsando

a tu alrededor.


Un espectáculo

inorgánico.


No hecho 

para mortales.


Un paso al frente

Podrías dar un paso al frente.

Y dejar de gesticular,
de hablar de política,

de la crisis,
del COVID,
de la falta de dinero,
la necesidad de irse,
de empezar otra vez,
de contar cada minuto.

De hacer planes.

Podrías dar un paso al frente.

Y acortar la distancia,
cogerme del cuello,

o del pelo, de la muñeca,
la cadera, la barbilla,
incluso de la boca

y lamerme como
como si fuera
a morir pronto.

Muy pronto.
Mañana.
Ahora.

Lo sé.

Es tan fácil
contentarme
que parece
imposible.

¿Verdad?

Garganta


Si pudiera abrir una fisura

en tu garganta.

Para verte pronunciar

palabras importantes.


Metacarpo.

Estornino.

Turgente.

Albúmina.

Cristal.


Ver cómo las cuerdas vocales 

vibran con cada letra.

Rozarlas con los dedos.


Tocarlas. Estar cerca.

Oírte respirar.

Sentir el aire

en las mejillas.


La tráquea roja,

perfecta en su 

ondulación.


Hablando para mi:


Catacumba.

Estruendo.

Velamen.

Ataraxia.

Ojalá. 


Cerrar los ojos. 

Porque nada más existe.

Sólo la voz que eres y 

el aire que respiras.


Sonámbulo.

Epifanía.

Ademán.

Luna.

Tú.