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Cuando seamos auténticos


Es necesario vivir sólo

a causa del amor.


A causa del deseo.


Me siento mal como 

un mordisco

en un cuenco de plata.


Veo gente con gestos como nubes,

aire y círculos, una pena en el ojo.


Quiero abrazar y decir: 

"Te veo, eres una bebida clara".


Un mordisco que no llega.

Un deseo de todas las cosas.


Toallas al sol y pelo con arena.


Un mordisco salado.

"Te veo. Y existes", diré.


Piel con arrugas y salitre.

Un poco de agua en el cuello.


Y el amor y el deseo

serán transatlánticos 

creando una estela de plata.


Y entonces cuencos sin ojos.

Y entonces, lo importante.


Amor y deseo.

Brillo. Plata.



Tormenta


Tal vez sea el agua 

la tormenta. 


Y no su movimiento.


Lo dudo.


Pero tal vez el agua sea 

la que va hacia ti.


Y no el impulso.


Ella es la que te busca.

No el torrente.


Lo dudo.

Pero tal vez.


Tal vez el agua sea más

que masa escurridiza.


Y al verte ponga 

voluntad y potencia.


Para generar tormentas,

para arrollar con ondas suaves.


Y arrastrar un caos redondo

de guijarros y destellos.


Peces. Espejos. Cuerpos.

Algas. Pelo. Redes.


Lo dudo.

Pero...


Tal vez sea el agua y no 

la tormenta.


La que arrasa para ti.

Y pone tesoros a tus pies.


La pesadilla del miércoles por la noche

El cielo se mostró una sola vez.

Entonces vi que nuestra casa se hundía
y grité
pero eso fue después, tras horas de escombros.

Mientras acompañábamos un nuevo río,
arrastrados junto a latas de Red Bull,
una jarra de plástico, melocotones,
flores, un adoquín redondeado.

Lo de arriba tuvo la culpa.

Un cielo invertido y rencoroso
que aplastaba con su brutalidad azul.

Entonces caímos por fin
en un mar imposible
sin albatros ni esperanza.

Y nadamos arrugados,
haciendo burbujas con la boca.

Qué lastima. Qué pena.

El cielo se mostró una sola vez.

Cuando desperté
de lo que podía haber sido.

Instrucciones para nadar bien 2

Delante del abismo.

Quitarse la ropa, dejarse prendas ligeras.
Darse palmadas suaves en las mejillas.
Abrir los pulmones y retener el aire.
No asomarse, no mirar hacia abajo.
Ignorar el mordisco del miedo.
Olvidar su marca en el tobillo.
Relajar las extremidades.
Tensar la mandíbula.
Tomar impulso.

Y saltar.

Hundirse.
No respirar.
Retener el oxígeno.
Dejar que el fondo nos trague.
Volcarnos confiados en el frío.
Acallar los pensamientos amargos.
Las voces del peligro, el horror a la asfixia.
Escuchar atentamente la nada, la presión en el tímpano.
Entonces abrir los ojos, confiar en el agua. Y lentamente, flotar.

*

Todo está en la bañera.

Me he quitado la cáscara
sin que nadie me obligara.
Invito a los anzuelos a mi carne,
trago litros de madrugada en una hora.

Todo está en la bañera.

Las noches hervidas
una y otra vez.
Cada trozo de la armada
que ya no será invencible.

Y todo en la bañera me espera.

Incluso un par de desconocidos
que pastan entre mis recuerdos.

*

Hoy
al salir
a caminar
he ido
al
encuentro
del mar
y al
llegar
al
espigón
me ha
parecido
que el
agua
retrocedía
constantemente
por
lo que
he
dado
el día
por
perdido.

Mi entierro

No sé lo que haría con las vísceras,
pero molería mi esqueleto
hasta convertirlo en grano blanco.

Con él haría moldes de caracolas
y guijarros, esqueletos de coral seco.

Los llevaría hasta la espuma del acantilado
para dejarlos caer uno a uno al vacío.
Y una vez hueca, cerraría los ojos para siempre.

Instrucciones para nadar bien 1

Tensar los músculos, tomar impulso y correr,
correr, correr, correr hacia la masa de agua
para saltar de cabeza en el último momento,
estrellar el cuerpo contra la superficie plana
y hundirse rápido, confiado, como una flecha.

El objetivo no es otro que rozar con las yemas
el punto más hondo, la zona más profunda
con los ojos abiertos y borrosos al frío,
y apurar hasta el último aliento el impacto
antes de salir de nuevo limpio de aire y miedo.

Hacer esto sin vacilar, sin resistirse al líquido
y su extraño comportamiento, a las sombras
azules y verdes de las esquinas, a los posibles
animales de aletas suaves e incontables ventosas
es la clave para domar esos fantasmas que
son capaces de seguirte hasta los cuartos más húmedos.

Qué será mañana


Si me fumara un cigarro
no sería en el infierno.

Sería donde realmente estoy.
En lo alto de todos los bosques.
Con hojas de estrías doradas.

Porque es aquí donde os puedo ver.
Y reír con la mejilla inmensa.
Bajo un sol bondadoso.
Que me hace brillar.

Y ser el ascua.
De un azul imposible
y profundo como los océanos.


Pólvora


Eres una bengala.
La sorpresa nocturna.
Estallando sobre el mar.

Incendiando el encaje de venas de mis pasos.
Iluminando brújulas estiradas hacia el cielo.
Inmolando barriles de pólvora impregnada.

Y guiando con tu estela densa y fresca,
como una estrella en expansión,
un azul que se descubre a tientas
bajo esta noche ya no tan negra.


*


Compraré esa cabaña junto al mar.

Un reino con tablas de madera
y el embarcadero siempre húmedo.

Salitre blanco en escamas,
tardes de pesca y arenques.

Y guardaré las provisiones
en un arcón congelador.

Junto con nuestras almas,
rígidas como ángeles caídos.


*


Veo agua de astillas flotantes,
motines de pólvora en grano,
llamas furiosas de vela blanca.

Porque voy a quemar todas las naves.
Condenaré impasible a la tropa.
No habrá cuartel ni tratado.

Una a una conquistaré
las tablas resbaladizas,
mientras una columna de humo

ascendente
negra
peligrosa

ciega tu horizonte.


Amigo imaginario

Cuando tenía 9 años
podía enfrentar al mar.
Aunque fuera azul oscuro.

Casi negro.

Con luz en la saliva conversaba con él,
los susurros de respuesta rociaban sus pestañas.

Después se sumergía hasta la cintura.
Y con una sola mano lo abarcaba.