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Muelo


¿Me detendrás antes de que me dañe?

¿Antes de hacer crujir las falanges?

¿Antes de lanzar el vaso, el móvil?


Hago polvo lo que me rodea.

Lo muelo fino, formo una pasta.

Y me la extiendo por la cara.


Mi colorete: el maquillaje del drama.

Ambos lo sabemos. Entonces.

Un día de estos.


Cuando haga puntería y lance lo que sea. 

Cuando falle a propósito. Cuando te roce.

Cuando estalle cerca de ti. Cuando sangres.


Quiero ver la expresión que haces. 

Tu cara al ver el desastre. 

Quiero intentar adivinar 

si todavía te importa.


Un año duro


El viento abrió de par en par

la ventana del salón. 

Las cortinas se

movieron frenéticas. 


Desorden en las

pequeñas cosas.

Caos en los detalles.


El viento entró de repente

e hizo volar un pañuelo,

la piel de mandarina,

la lista de la compra.


Sopló, ese viento.

Trajo lluvia:

salimos a gritar 

a la terraza, él y yo.


Los hijos no paridos.

El amor en huida.

Mi madre inmensa.

Una sombra del que

fue su padre.


Salimos y aullamos,

porque fue un año duro

y pensé que lo merecíamos.



Hay algo


Hay quien nace con 

cucharas de plata en la boca,

o padres que se van pronto.


Hay personas con arrullo en la voz

y una calma del mañana.


Yo pierdo la cartera en el metro.

Y hay algo. Algo, algo, algo.

Hay algo mal en mí.


Hay quien sólo apaga 

el despertador una vez. 

Vuelve rápido al mundo. 

Ducha, café. Podcast.


Yo floto en las fronteras 

y me cuelgan los pies 

en los acantilados. 


Veo algunas sobras 

alrededor de tu cuerpo.

De los cuerpos.


Cosas que añaden capas.

Fantasmas y luces.

Y puede que no esté mal.

Ver todo lo que flota.


Pero ese colgar, ese tardar más.

Ese dudar cuando despierto.

Las cucharas en el cajón.

Cartas en mi cabeza.


Un mechón de tu pelo

enganchado.


Hay algo mal.

Algo sin acabar.


Y los fantasmas 

no hablan de ello.


Hay algo. Algo lento.

Que no se cierra,

que no... se cierra...


Hay algo, algo, algo.

Algo mal. Algo que duda.


Y me deja sola.

*

Hoy la Vida se mueve suave, sin avasallar.
Parece que duerme con la cara cerrada.
Pero las horas cuelgan boca abajo.
Y las piedras rebotan rabiosas.

Todo porque he dejado salir 
de este pantano, el cuerpo de 
ternura que mezquinamente
atesoraba. 

*

Las palabras nos rodean.


Suenan en mi cabeza

o hablan contigo.

Salen de tu boca.

Vuelven a la mia.


Palabras suaves.


La palabras habitan.

Pero no alimentan.


¿Hablo de agua 

y te quito la sed? 

¿Comeré si te imploro 

por migajas?



Sombras


Después del lujo todo vuelve a su sitio.

Se ordena obstinadamente eliminando las curvas.
Y colocando los recuerdos como polígonos.
Rígidos. Inmóviles. Perfectos en su expiración.

Todo volverá tristemente a su lugar.

Si llamamos de nuevo a las sombras,
que rellanarán los cuartos que antes
fueron propiedad única del abrazo.

Sabes muy bien que a esas siluetas danzantes

no les importa que permanezcamos juntos.
Nos rozan levemente los costados con sus
túnicas de nido vacío. Almidón y crujido.

Como nosotros, sombras:

Que se erizan tiernas y macabras
sobre las ruinas de este imperio.

Horas como alondras

Separadas de sus días,
diseccionadas para ti,
para el hambre
de tu boca
rugiente.

Mírame.

Mira cómo
abro la carne
y busco su latido.
Cómo sostengo
los pálpitos de vida
que habitaron alguna vez
los nidos frescos de nuestro pecho.

Percal

No puedo ser ni la mitad de buena
ni la mitad de elegante que el
recuerdo de todo lo que esperabas.

El terciopelo de la madurez no llega,
porque soy como la felpa.

Burda. Gruesa en el dobladillo.
Percal almidonado en el alma.

Un tacto que debería ser cálido,
pero pica en las costuras.

E impide el movimiento 
cuando la vistes.

La Buena Hija


Exhibiendo atrocidades 

por WhatsApp.


Un pie entrando en la piscina,

lluvia estancada, un gato enfermo.


El Cosmos reducido a píxeles,

una foto de la oscuridad del jardín.


Grava y hormigas desordenadas.

El coche siempre vacío del vecino.


Fotos de una magia que no se puede

capturar, ni tampoco compartir.


Si no están aquí, o yo allí, no se ve.

No se entiende, no se vive.


Sin embargo, (aquí me ordeno el 

flequillo). Pongo cara solemne.


Sin embargo.


Se debe combatir la magia con la magia.

Has de creer que guardas en la manga 

algo imposible, algo que hará brillar 

sus ojos. Que los hará quererte.


El lenguaje de las abejas. Una broma

genial, la receta secreta del pastel de limón.

Un ejército de gorriones a tu disposición.

El color de pintalabios definitivo, el 

silbido que domestica todos los perros.


O la magia más rara de todas: el deseo de

hacer lo correcto, lo lógico, lo esperado.


La magia que les hará aplaudirte.

El truco definitivo. 


Comprometerte con lo fácil. 

Casarte con aquel que niega

tu sombra. Subir al templo

de una vida tranquila.


Colocarte frente al altar,

como una bruja de magia

terrorífica.


Para entregar a tu primogénita

en sacrificio.


-----------------

(Dedicado a mi querida 

hermana Anna).

*

Llama a mi puerta el empleado
de la compañía eléctrica.
Viene a revisar el contador.

La empresa no se fía:
la Luz también puede robarse.

Comprueba códigos en la pantalla
de una máquina misteriosa y no
me mira a los ojos.

Voy en pijama y llevo tres días
sin ducharme.

El hombre ignora el detalle,
alargándome una factura
atrasada. 

254 euros por dos meses.
Ostia puta.

Le sonrío desconcertada.

Y pienso en una lluvia furiosa.

Demencial.
Tremenda.
Incontestable.

Que inunde todo el barrio
y nos arrastre sin remedio.

Sí. Soy dramática.

Pero es que han sido años duros.

Y quiero que llueva.

Que el agua arrase con todo 
lo que se apoya sobre una superficie.

Quiero que nos arrolle, para así
poder gritar con ganas.

Antes no había espacio para 
el precio de la Luz.

No había lugar para
lo mediocre.

Ahora todo vuelve.

Pero han sido tiempos duros,
y creo que nos merecemos
aullar por fin.

Poder fluir en el caos.

Posible refugio

El aceite crudo es un aliado.
También la canción de moda.
O una galleta con forma de llave.

Las cosas son el refugio.

Me he cubierto con
la sábana creando un
huevo de algodón.

Moldeo un vacío
que sea capaz
de expulsarte.

Por ahora

 Me miras como una galaxia tremenda.

Quieres más, pero yo me corto con el cabello de ángel

y sirvo para los mordiscos.

Hablas desde lo magnético, 

desde el cáncer que siempre se cura.

Hablas desde un haz de sol constante. Quema.

Esperas desde lo que no es negro ni pequeño, 

Y yo sonrío y me quemo. Me quemo y niego. Y sonrío.


Me miras desde la galaxia tremenda. Eso me irrita.

No somos iguales, porque nadie es igual que nadie.

Y aquí estoy hablando generalidades.

Espera, que tengo una nueva queja: no lo ves.

No ves que hay cánceres que no se curan, 

pero que tampoco matan.

Que no hay luz perpetua. Ni tampoco noche eterna.

Esta galaxia mía no respira. Sólo Es. Está. Y es suficiente.

La Vida es suficiente. Por ahora.

Enero de 2021

La hojarasca tras 
la puerta del garaje.

Y todo lo demás.

La bombilla se ha fundido.
Así seguirá, como el resto.

Hay un velo que sólo
las palomas ignoran.
Un nudo de látex que no
permite tocar nada.

Y todo lo demás.

Lo que no decimos.
Lo que falta, los que 
se han ido.

Ya no hay caras en la calle.

Las brujas

Esa mujer incómoda
que te busca por la noche
cuando miras el cómputo
de muertos en tu teléfono.

Un fantoche en llamas
en el jardín de tu condominio,
gritando frente a la puerta
de tus vecinos. 

Tan dramática.
Tan absurda.

Que ruega por la luz mística
mientras su sombra arde
con alcohol-gel bajo las uñas.

Porque sigues vivo,
aunque la culpa te pese.

Sigues vivo.
Y te gustan las locas.

Las que no hablan de 
virus, ni de máscaras,
ni de horarios.

Te gustan las brujas.

Que aúllan y
lamen el caviar de la
vajilla con la lengua.

Y recuerdan cómo era
la carne antes del último
Carnaval. Ese que vivimos
sin saber que sería el último.

Esmeralda, Saskia, Malena

A veces me da por imaginarme
que tengo otra vida.

Es algo que hago cuando hay
algún contratiempo,
un fallo de cálculo,
una mala noticia.

Imagino que me llamo Esmeralda, o
Saskia, o Malena. Y que mi vida se
parece a una telenovela brasileña,
colombiana, española. Son todas iguales.

En esa vida soy hermosa, tan atractiva que hasta
produzco cierto rechazo, cierta reserva
en quienes me rodean. Como si no fuera
de fiar por tener un rostro de
proporciones áureas. Me gusta ese poder.

Siendo Esmeralda, Saskia, Malena, el mundo
se arrodilla a mis pies, pero tomo
decisiones equivocadas. Porque en esa realidad
paralela las mujeres hermosas
escogen al hombre equivocado, al guapo, al
pobre, al cabrón, al amor verdadero.

Todas sabemos que eso es poco probable.
Las mujeres absurdamente hermosas
que conocemos saben muy bien qué les conviene.
Escogen lo correcto simplemente porque pueden.
Porque deben.

Pero siendo Esmeralda, Saskia, Malena, el sentido
común no tiene cabida y me precipito a un amor
imposible, prohibido, truncado y definitivamente
autodestructivo. En él me adoran y me zarandean
a partes iguales. En él me besan los pies y me dejan
tirada en el restaurante más caro de la ciudad.
En él me regalan vestidos de alta costura y me
hacen salir del coche en mitad de la autopista.

Es interesante ser Esmeralda, Saskia, Malena.
Ser dueña de un destino fatal, disfrutarlo al máximo
y no dar explicaciones a nadie. Recibir exactamente
lo que merezco. Ni más, ni menos.

Nada que ver con todo esto.

Era digital

¿Y qué hay de romper el retrato de alguien?

Llenarlo de arrugas, condenarlo a la basura.
Destruir físicamente el recuerdo.

Los amantes del futuro no sabrán lo que
se siente al despedazar una foto.

Despecho resumido

Como hay tantos recuerdos
reunidos en esta habitación,
la foto rota de la papelera
debe ser mi retrato.

Love of Rabbits

Me tiras una manzana a la cara
y todavía te quiero más.

Demencial.

Esta batalla de frases ingeniosas,
este masticar cada flor que nació.

Como conejos a punto de estallar.

Te empujo usando sólo el dedo
índice y siento una alegría feroz.

Una sombra alargada vendrá.

Y se quedará entre la hierba
de nuestra cama.

Almost perfect

Lo que quiero lo encuentro en cualquier parte.

Flores de papel recortadas para mi.
Calendarios en la pantalla del teléfono.
Cócteles y promesas de felicidad.

Pero los muertos se cruzan sin avisar
como una ola de miel rancia.

*

Cogí el tomate más maduro
con intención de comérmelo.
Pero al partirlo por la mitad
descubrí había empezado a pudrirse.
Tal vez debido a un golpe.
Nada que se apreciase desde fuera,
imposible saberlo de antemano.
Tuve que tirarlo a la basura.

Estos detalles todavía
me sorprenden.