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Hay algo


Hay quien nace con 

cucharas de plata en la boca,

o padres que se van pronto.


Hay personas con arrullo en la voz

y una calma del mañana.


Yo pierdo la cartera en el metro.

Y hay algo. Algo, algo, algo.

Hay algo mal en mí.


Hay quien sólo apaga 

el despertador una vez. 

Vuelve rápido al mundo. 

Ducha, café. Podcast.


Yo floto en las fronteras 

y me cuelgan los pies 

en los acantilados. 


Veo algunas sobras 

alrededor de tu cuerpo.

De los cuerpos.


Cosas que añaden capas.

Fantasmas y luces.

Y puede que no esté mal.

Ver todo lo que flota.


Pero ese colgar, ese tardar más.

Ese dudar cuando despierto.

Las cucharas en el cajón.

Cartas en mi cabeza.


Un mechón de tu pelo

enganchado.


Hay algo mal.

Algo sin acabar.


Y los fantasmas 

no hablan de ello.


Hay algo. Algo lento.

Que no se cierra,

que no... se cierra...


Hay algo, algo, algo.

Algo mal. Algo que duda.


Y me deja sola.

Ajustes


Los días no volverán.

Aunque los conserve 

en salmuera.


Su voz es tibia

y ronronea. 

Habla cerca del oído.


No confío en lo que susurra.


No confío en este espíritu 

que me pide cuentas

con voz propia.

Que pide ajustes.


Quiere que arranque máscaras

y hierva todas las almendras

de tu cara. Que blanquée

y almidone tu piel.


Que amortaje tu figura.


Ajustes.


No quiero una caja de latón

para tus recuerdos, quiero 

un sarcófago. 


No quiero un hoyo de tierra

negra, quiero un mausoleo.


Los días no volverán.

Aunque los conserve 

en formol.


No soy nadie, ni seré nadie.

Pero lo que he visto merece

más.


Tal vez por eso, aunque no

confíe en él, mi espíritu

demanda un entierro justo.


Ajustes.


Un homenaje que represente

todas las luces y las sombras.


Todos los días que fueron.

Todo lo que conservo en sal.

Todas mis voces y las tuyas.


Todo lo que está, 

pero ya no respira.



Dos Marinas o "Conversaciones con La Otra"

"Háblame de esa querencia
congelada bajo tu ventana"

No debería, pero su
insistencia me da miedo.

Me observo al otro lado,
yo misma en mi sombra.

Respondo.

"Es pequeña y
suspira tierno y alto"

No le gusta lo que oye,
no me gusta lo que digo.

Me abofetea con el
dorso de la mano.

Siento el dolor
de mi golpe en la mejilla

Deseo que se muera.
Deseo morir.

Pero no digo nada.

Porque aún en mi
oscuridad, en mi luz.

Tengo alas en la piel,
hueso ligero de ave.

Tengo trino en la voz
y un pico de plata.

Con la barbilla en alto
sonrío y me ofrezco el
resto de mi cara.

La esperanza herida


Una gaviota sangrante

sobrevolando tu cabeza.


Qué imagen más potente.

Puro drama: plumas

rojas, un pico abierto.


Y tus ojos siguiendo

la estela. Su planear

sobre el acantilado.


Deseas que lo consiga.

No sabes el qué.

Pero que lo consiga.


Llegar al nido.

Aterrizar a salvo.

Encontrar a los suyos.


Casi ni parpadeas.

No la pierdes de vista.


La gaviota herida,

sangre rojo intenso.


Su vuelo errante,

un destino lejos

de tierra firme.


La gaviota sangrante,

un animal luchando.


Ahora convertida

en un punto en 

el horizonte...


Que desciende,

lentamente.

Que deja de volar.


Que se estrella

contra el muro

de agua. 


En completo silencio.


Tus ojos abiertos,

incrédulos.


Fijos en un Océano

inerte, que no deja 

ninguna huella

de su paso.

Cubos de Agua


Los puentes quemados 

no podrás volver 

a cruzarlos.


Esas verdades

que dijiste,

las que no dijiste,

las fotos eliminadas.


No volverán.


Siempre habrá

un agujero en 

la pared.

Aunque lo tapes 

con masilla.


La costra calcinada

no será de nuevo

un filete.

La nata no será

leche otra vez.


Lo arrasado por

el fuego y el 

tiempo, lo que

quema un error.


No podrás 

recuperarlo.


Humo negro

en tu memoria.


Los recuerdos de

tu juventud, 

los cigarros

en la azotea,

tu novio con 

ojos de ciervo:

son fantasmas

y brasas ya frías.


Mientras tanto

arde la vida.


Hay carreras con los

pies descalzos.

Y acarreas

cubos de agua.


Pero


el fuego que todo

lo arrasa. Llamará

al negro para que 

venga a quedarse.


Negro en mis ojos,

en tus manos.


Negro en las

palabras, 

ahora silencios.

Todo negro, 

todo humo.


También negro 

en esa cama.

Homenaje a William Blake: drama y éxtasis

Si muero en esta tierra de nadie,

sin ser yo del todo ni tampoco 

lo que creo que esperan.


Que no me repatrien, 

que no me incineren.

Nada de suspiros

ni retención de llanto.


Si muero en esta tierra de nadie

donde la lechuza vuela bajo 

y en silencio.


Que me abracen, que me aprieten

aunque esté fría y quepa 

en la palma de sus manos.


Que aúllen y tiemblen cuando

se queden solos, como hago yo

con lo que me arranco de repente.


Sólo así florecerá lo posible

en un lugar de nadie, 

donde la eternidad cabe en una hora

y nunca alcanza su forma definitiva.

Visiones

Hay enormes fardos
dentro de mis bolsillos.

Monedas de cobre
de escaso valor.

Bajo a por pan y una
silueta blanca me acecha.

Respira entre los
coches estacionados
en zona azul.

Aletea.

Como una lechuza,
pero no. 

Miro de reojo.
No tengo munición.

Entonces.

Busco algún tipo de
complicidad entre
los transeúntes.

Pero nadie me mira.
Tal vez no la vean.

Algo previsible.

Aflojo el paso
y trago saliva.

Seré carroña de 
siluetas que transitan
entre mundos.

Dicho así, casi
parece hermoso.

Por ahora

 Me miras como una galaxia tremenda.

Quieres más, pero yo me corto con el cabello de ángel

y sirvo para los mordiscos.

Hablas desde lo magnético, 

desde el cáncer que siempre se cura.

Hablas desde un haz de sol constante. Quema.

Esperas desde lo que no es negro ni pequeño, 

Y yo sonrío y me quemo. Me quemo y niego. Y sonrío.


Me miras desde la galaxia tremenda. Eso me irrita.

No somos iguales, porque nadie es igual que nadie.

Y aquí estoy hablando generalidades.

Espera, que tengo una nueva queja: no lo ves.

No ves que hay cánceres que no se curan, 

pero que tampoco matan.

Que no hay luz perpetua. Ni tampoco noche eterna.

Esta galaxia mía no respira. Sólo Es. Está. Y es suficiente.

La Vida es suficiente. Por ahora.

¿Quién me describirá cazando?

No me refiero al acto de la caza tradicional,
el de perseguir mamíferos de cuatro patas
a través de una espesura cualquiera.
Me refiero a ese momento íntimo
que adivinamos en el otro cuando ladea
la cabeza, o da un trago de más a la copa
de vino. Ese gesto de aguante.
A veces he sido capaz de observarlo en otros.
No siempre, no con todo el mundo.
Pero se me ha revelado con una claridad meridiana.
Es lo único que importa. La conexión.
Y quiero que alguien lo vea en mí.
Esa carrera hacia las bestias, hacia las
voces que aúllan dentro y que nunca
revelamos. Pero soy caprichosa:
quiero un espectador en los escasos
momentos de gloria. Cuando hago un sprint 
y consigo atrapar uno de los pensamientos
más peligrosos, esos que te destruyen por dentro.
Quiero que me espíe cuando la alimaña jadea
intuyendo su muerte, cuando le clavo el cuchillo.
Quiero un voyeur que se excite
con el olor de la sangre. Que respire
aturdido. Conmigo. En una intimidad
que nunca contaremos a nadie.

Cierta dificultad


Tengo cierta dificultad para diferenciar
los lobos de los perros.

Misma anatomía, similitudes en su
comportamiento. Gusto por el rastreo,
el acecho, la caza.

Poco más.

El resto es malicia del lenguaje.
Un ahorro del dolor.

Son casi lo mismo

Volvías del trabajo y me hablabas de tus estudios
mientras yo cortaba cebollas para hacer un guiso.

Oía sobre la vida de Napoleón, Rasputín, Marco Aurelio.
Hombres poderosos. Gente muy asertiva.

La cebolla se doraba y Napoleón invadía Rusia.
Bajaba el fuego mientras Rasputín era asesinado.
Añadía el caldo cuando Marco Aurelio heredaba un imperio.

Y tú con los ojos fijos en mi cuello y la voz tensa.
¿Es posible que sucediera así? ¿No te parece increíble?

Intento no mirarte. Me cuesta responder.
Para mi el amanecer y el ocaso son luz
distorsionada. Pura ilusión.

Parecen lo mismo.
Y casi lo son.

El Drama

El aro del sujetador me roza una costilla cada vez
que tomo aire.

Me arranco un padastro con la punta del colmillo.
Hoy siento un impulso peligroso:

"No puede ser que esta sea yo".

Al mirar al techo veo cómo la araña de la esquina
hace un ovillo con forma de mosca.

Inspiro, la mosca se mueve; expiro, la araña
cierra el huevo. Inspiro, la mosca muere.

Debería estar pensando en la batalla de los insectos,
la trascendencia entre la vida y la muerte.

Pero tengo asuntos que atender:
la piel de la costilla arde,
el padastro sangra demasiado.

Me pregunto qué hubiera escogido Dickinson.

Eso es todo

Me dirijo hacia la cocina
en busca de un yogur.

Me gusta cómo el frío
traspasa el envase de
plástico y llega
hasta mis dedos.

Me gusta tanto que
cuando quito la tapa
estoy sonriendo.

Antes de la primera
cucharada me detengo
durante un instante,
casi con miedo,
para oírme los latidos
del corazón.

Una cuchara suspendida
en el aire, un ritmo
acompasado y seguro.
Eso es todo.

La semana que viene
cumpliré treinta
y cuatro años.

Aún no he decidido si
me siento vieja.

Las Voces

Cuando era más joven oía voces
en mi cabeza. A veces cantaban,
a veces se asustaban, la mayoría
del tiempo susurraban.

Les gustaban pocas cosas: los pájaros,
el olor a mantequilla derretida,
cómo mi vecino movía la mano
al saludar. Pocas cosas, como ves.

No eran voces peligrosas porque
no querían venganza ni ser
recordadas.

Creo que sólo me llamaban
la atención cuando algo importante
sucedía. Algo que ellas creían que
debía tener en cuenta.

La última vez que las oí fue el
día que mi abuelo murió.
Estaba en la habitación del
hospital, sentada frente al cuerpo.

Mi madre y mi hermana estaban allí.

Entonces dijeron: "Ahora que has visto
vaciarse todo, puedes adivinar de qué
se llena después".

Historias del barrio

Alguien que conocemos ha intentado
suicidarse. Un vecino de la calle.

Lo primero que llega es la extrañeza.
No se entiende, nadie se lo explica.

Parecía una persona normal.

Cuentan que se lo pensó mejor
y se arrepintió en el último momento.

Todas las mañanas baja al café,
da los buenos días con una sonrisa.

Algunos miran para otro lado
y fingen que no está.


*

Una polilla enorme flota en la piscina
con las alas abiertas. Tal vez da mucho asco verla ahí,
estropeando el paisaje. Tal vez pensó que era un lago.
Un remanso donde detenerse por un momento.
También muerta, es marrón y muy grande.
Escogió un mal lugar donde equivocarse.

Escribir

Escribir me recuerda al chorro de sangre
que salpica un baño alicatado en blanco.

Dibuja un arco lleno de vida, o de muerte,
perfecto en su estropicio. En su arrebato.

Inmediatamente después se transforma
en una mancha, víctima de un escuadrón
de trapos viejos.

Quieres creer

Si te acercas a los ancianos
huelen a algo imposible, como
gardenias de noche, o magnolias
a punto de madurar. Sus hombros
despiden un aire de flores enormes.

Quieres creer que su fragancia
es fruto del desgaste, que se posa
en su espalda por amar a otros
día tras día. Hay un rezo en tu
garganta: "Que no sea la pena".

De otro

Tal vez tenemos niños
para que se pongan
de cuclillas
ante las cenizas.

O susurren
palabras calladas.
Un amor.

Estaría bien que
se oigan ladridos
a lo lejos mientras
me desmenuzan
sobre hierba
nunca hollada.

En un terreno
no heredado,
ni comprado,
ni adquirido.

Propiedad de otro.

Primavera en la ciudad

Hay un pajarito aplastado en el asfalto.
Un círculo de masa y dieciocho plumas.
El viento todavía simula movimiento.

Vivió a la intemperie, como todos.